cuando el pasado se convierte en deseo.
Ya no tengo una casa. Vivo en el sótano de la
casa de mi hija. Extraño la casa que tuve en Miami y la que luego tuve en Texas.
No eran grandes ni lujosas, pero eran mías, todo mías.
Entonces pienso en los últimos cuatro años de
la vida de mi madre, en la prisión de un hogar de ancianos por motivos de
salud. Recuerdo que anhelaba regresar a su casa, aun cuando en el fondo sabía
que nunca volvería. Por fin se convenció de que su sueño de tener su casa como
le gustaba era solo eso, un sueño. La enfermedad la tenía atrapada. El día que
salió de su casa, supo que nunca volvería. También pienso en mi hermana mayor,
quien todavía vive en la casa que construyó, pero no es feliz. Delicada y débil,
ni siquiera tiene fuerzas para limpiarla. Me entristece, por muchos motivos, y
me avergüenza.
Ya yo no tengo la casa que tenía antes. Y
mientras reflexiono en esto, escucho la voz de Dios que me habla. Ya no tengo
aquella casa bonita. Pero tengo un hogar. Cuando miro a mi alrededor, a la vida
que comparto con mi familia, no puedo sentir más que contentamiento. Mi corazón
está satisfecho. Tengo salud para continuar con mi vida y mi ministerio.
Hoy se celebra el Día de dar gracias, y tan ordinario como pueda parecerle a algunos,
mi oración, la Palabra y la convicción que Dios me dio, es que no vale la pena
pensar continuar anhelando el pasado porque nunca volverá. Debo enterrarlo
donde debe estar, en el pasado, y no debo morar ya en algo que no existe en el
presente. Dios quiere que me enfoque en el futuro, en el próximo capítulo. Que
disfrute mi sótano. Que abrace la próxima etapa. Que me prepare para recoger el
fruto de mi labor. «Tango tantas otras cosas preparadas para ti, mucho mejores
que un par de estructuras de ladrillo. Levántate. Yo soy tu hogar».
Mejor es el fin de un asunto que su comienzo;
mejor es la paciencia de espíritu que la arrogancia de espíritu…No digas:
«¿Por qué fueron los días pasados mejores que estos?». Pues no es sabio[e] que preguntes sobre esto…Considera la
obra de Dios: Porque ¿quién puede enderezar lo que Él ha torcido? 14 Alégrate
en el día de la prosperidad, y en el día de la adversidad considera: Dios
ha hecho tanto el uno como el otro». (Eclesiastés 7:8,9,13-14 NBLA).

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